Una obra más de Giardinelli que llega a mis manos (Luna caliente, Santo Oficio de la memoria), ambientada en el infernal calor del Chaco, con un acento férvido, turbado, en que se recurrirá de manera casi enfermiza a cualquier justificación para desencadenar una y otra vez el desarrollo de los acontecimientos. Como una auto sin frenos; como un alud.-
En esta novela, la narración es en primera persona, vibrante, arrebatadora, y nos introduce velozmente en el laberinto profundo del protagonista, Alfredo, quien mantiene una relación pasional con Gris, la mujer de su mejor amigo y socio laboral, Antonio. Los une una pasión que rebasa la medida de un febril extravío, donde irónicamente, logran guardar las formas actuando con perfecto aplomo. Un amor bordado por la “ira” que los conduce sin remedio rumbo a un sinnúmero de consecuencias tan insólitas como violentas
Quién sabe pensaba yo luego de esta lectura, que numerosas personas sostienen sus vidas - insignificantes en mayor o menor medida- sin hallar el momento de estallar; probablemente ni siquiera ellos conocen la posible reacción en la ocasión se diera de “exteriorizar la nota sombría" que arrastramos interiormente. En esta novela, la tentación domina sin que el día siguiente tenga alguna relevancia.
Debo ser sincera y confesar que el final no me resultó muy acabado, pero en su generalidad, es una obra que se deja leer y compensa la lectura. Si quieren distraerse con un “relato” ligero y bien contado, con muerte, violencia y sexo en su haber, no vacilen en leer
El décimo infierno.
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