"A sus sesenta y cinco años la dramaturga Sarah Durham se enamora de un bello y joven actor y luego de un director teatral, algo más maduro, pero al que también dobla en edad. Al encontrarse en un estado de permanente deseo que creía propiedad exclusiva de las mujeres jóvenes, Sarah se ve obligada a revisar su historia sentimental, desde la más tierna infancia hasta sus obsesiones más recientes"
Doris Lessing es reconocida como una de las escritoras inglesas más significativas del siglo y en esta historia, su título esconde una interpretación dual: alude a la trama (el personaje y su revival de una pasión amorosa) y advierte acerca del perfil literario que subyace en la obra (se narra el amor, una vez más)
Se enlazan en esta novela, dos anécdotas; una es sobre hechos de la última etapa de la década pasada, y en la que el papel básico lo tiene Sarah Durham, cabeza de un grupo de teatro. Y la otra repasa las circunstancias de vida de una mestiza, especial y delicada, Julie Vairon, que se quitó la vida un siglo atrás, luego de dos frustrados amores. El grupo teatral monta la obra, una pieza musical, Julie Vairon, basándose en los escritos que la joven dejó y la montan, no por casualidad, en la región de los trovadores. (lamentaré en este sentido no encontrar referencias exactas a la música que se alude, ya explicaré porqué al final) . La variabilidad del elenco y las demandas sobre el personaje representado coexisten sobre el lienzo del trance de Sarah. A su edad, Sarah no creía posible volver a enamorarse; sin embargo, en la familia de actores der la función teatral hay personajes que reviven estímulos apasionados y apremiantes. Y además, está el personaje de Joyce, una sobrina a la que protege, inestable, confundida y drogadicta, que la enfrenta con las fronteras de la decadencia. (y en estos pasajes me conmuevo especialmente, porque en algún sentido me hace pensar en mi hija Flor) Y hay también una apreciación acerca de la amistad también enfrentada a ciertos límites: son los enlaces de Sarah con la figura de Stephen.
Doris penetra en el conflicto de Sarah y realiza una ardua e infrecuente exploración de su interior; y el desenlace tiene un gran peso nostálgico. Hay una inclinación hacia lo positivo pero, pareciera que la autora deja a los lectores la reflexión concluyente.
Es una obra se me ocurre, en la que el “amor de nuevo”, nos da la posibilidad de conocer la naturaleza de los protagonistas y la fibra innegable de las pasiones maduras, cargadas de un brillo melancólico que se desliza en cada página.
Y en referencia a mis impresiones acerca de la cuestión musical, percibí que la música poseía una importancia superlativa en algunos pasajes de la novela, por no decir casi en toda la novela y tanto es así que, hubiera querido “estar al tanto” de su armonía, sus signos, sus vibraciones. Posiblemente sea por eso que me queda un dejo de ausencia, una grieta en la lectura que, de todos modos, fue muy placentera.-
Se enlazan en esta novela, dos anécdotas; una es sobre hechos de la última etapa de la década pasada, y en la que el papel básico lo tiene Sarah Durham, cabeza de un grupo de teatro. Y la otra repasa las circunstancias de vida de una mestiza, especial y delicada, Julie Vairon, que se quitó la vida un siglo atrás, luego de dos frustrados amores. El grupo teatral monta la obra, una pieza musical, Julie Vairon, basándose en los escritos que la joven dejó y la montan, no por casualidad, en la región de los trovadores. (lamentaré en este sentido no encontrar referencias exactas a la música que se alude, ya explicaré porqué al final) . La variabilidad del elenco y las demandas sobre el personaje representado coexisten sobre el lienzo del trance de Sarah. A su edad, Sarah no creía posible volver a enamorarse; sin embargo, en la familia de actores der la función teatral hay personajes que reviven estímulos apasionados y apremiantes. Y además, está el personaje de Joyce, una sobrina a la que protege, inestable, confundida y drogadicta, que la enfrenta con las fronteras de la decadencia. (y en estos pasajes me conmuevo especialmente, porque en algún sentido me hace pensar en mi hija Flor) Y hay también una apreciación acerca de la amistad también enfrentada a ciertos límites: son los enlaces de Sarah con la figura de Stephen.
Doris penetra en el conflicto de Sarah y realiza una ardua e infrecuente exploración de su interior; y el desenlace tiene un gran peso nostálgico. Hay una inclinación hacia lo positivo pero, pareciera que la autora deja a los lectores la reflexión concluyente.
Es una obra se me ocurre, en la que el “amor de nuevo”, nos da la posibilidad de conocer la naturaleza de los protagonistas y la fibra innegable de las pasiones maduras, cargadas de un brillo melancólico que se desliza en cada página.
Y en referencia a mis impresiones acerca de la cuestión musical, percibí que la música poseía una importancia superlativa en algunos pasajes de la novela, por no decir casi en toda la novela y tanto es así que, hubiera querido “estar al tanto” de su armonía, sus signos, sus vibraciones. Posiblemente sea por eso que me queda un dejo de ausencia, una grieta en la lectura que, de todos modos, fue muy placentera.-

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