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lunes 26 de septiembre de 2011

Y volvemos a la Novela Histórica


Manuel Baigorria, personaje real de la historia argentina, tuvo una vida de leyenda. En 1832, este puntano nacido en el seno de una familia unitaria, se exilió por diferencias con Juan Manuel de Rosas en el “desierto” junto a los indios ranqueles, y así logró lo que ningún cristiano alcanzara: ser un jefe, un “lonko”, para los temibles guerreros del sur. Con un pie en cada mundo, se jugó la vida a diario, y tomó decisiones impensables para la mayoría de los mortales. Desde la orilla blanca lo llamaban “Demonio del coraje”; desde la orilla india, “Baigorria Toro” o “Lautramán”, que significa “cóndor petiso”. La horrible cicatriz que le cruzaba la cara, fruto de una herida de sable, era su marca, su signo personal. Y como él, la Patria también estaba marcada por la herida de la guerra civil.
Con una pluma ágil y fiel al lenguaje del suelo que lo vio nacer, Daila Prado recrea la historia del hombre que vivió con el cuerpo y los sentidos afilados como puñales, y de la frontera, esa tierra de todos, y de nadie.

Daila Alejandra Prado nació en Rosario (1956), aunque por afectos y por adopción se considera riocuartense; en esa ciudad del sur cordobés reside desde pequeña. Lleva publicados libros de poesía, de cuentos y ensayos sobre la obra de Juan Filloy. Se ha desempeñado como periodista y ha dictado cursos sobre literatura e historia argentina. También fue directora de Cultura de la Municipalidad de Río Cuarto. Actualmente trabaja en la radio y en la editorial de la Universidad Nacional de Río Cuarto.

Esta es definitivamente una novela que cautiva. A mí me cautivó.
Cautiva su disposición, su proporción de expresión y encanto. Es una novela que entreteje los sucesos de una existencia signada por la violencia y un delirio germinado en ese conflicto de ambicionar dos países opuestos. Rememora y fortalece la idea que se propaga como un absoluto: la experiencia de la frontera, que corta, raja, cercena.
Esta narración nos incita a echar un vistazo serio a la costura desprolija de la brutalidad en las botas del pasado; desde esas cicatrices de tiempo pasado y de sus razones de ser. Y además, nos permite disfrutar del poder de la ficción que no se satisface con la Historia misma, sino que indaga en la palabra desde la que germina la esencia del Hombre: su propia voz.


"…Cicatriz es también metáfora de una patria herida; frontera mal cosida en la violencia de su historia, sutura en carne viva de civilización y barbarie…" (De un texto de Marisa Moyano, Revista Borradores - Universidad Nacional de Río Cuarto - Pcia. de Córdoba)

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